Alojamiento en Londres: Wedgewood Hotel

¡Hola wanders!

Hoy os traemos un post un poco diferente. Como ya os hemos contado todo lo que hemos visto en Londres, os queremos hablar sobre el hotel en el que nos alojamos allí.

Mirando hoteles por Booking, decidimos alojarnos por la zona de Bayswater. Tiene un par de paradas de metro cerca y está pegado a Kensington Gardens. Allí vimos hoteles similares, más o menos del mismo precio y nos decantamos por el Wedgewood Hotel.

Sabíamos que los hoteles de Londres no se parecen en nada a los españoles (un tres estrellas de allí es como uno de dos de aquí y da gracias), así que no teníamos las expectativas muy altas, pero aún así nos decepcionó bastante.

Cuando llegamos al hotel y pasamos por recepción, tenía bastante buena pinta. Lo primero que hicimos fue pagar y luego subimos a ver la habitación. Para empezar, tuvimos la mala suerte de que nos tocó una habitación justo al lado del ascensor, con lo cual íbamos a oír a cada persona que subiera o bajara de nuestra planta, y así fue.

La decoración era muy antigua y todo parecía más viejo que en las fotos que habíamos visto. La habitación era bastante pequeña, solo cabía la cama, una mesa y poco más, aunque pudimos acoplar las dos maletas pequeñas en el suelo. El suelo de la habitación, cubierto con moqueta, estaba lleno de baches y la madera crujía un montón. Por esto, todas las mañanas nos despertábamos antes de la hora, porque desde que se levantaban los de la habitación de arriba no paraba de crujir su suelo.

En la pared había un mini escritorio con un espejo que estaba ocupado en su totalidad por un calentador de agua para hacerte algún té que dejaban en la habitación. No llegamos a usarlo, pero al menos es un detalle. También había una televisión que de poco servía, ya que la señal no daba para ver mas de 2 segundos seguidos sin que se cortara. Un desastre.

En cuanto al baño, era imposible que fuera más pequeño y estaba metido como en una especie de armario. La bañera era enana y como artículos de baño solo nos dejaban jabón y champú; ni gel ni nada. Ni siquiera una misera toalla para secarnos las manos, ya que solo nos daban las grandes de la ducha. Además, el desagüe del grifo era tan grande como un puño de un bebé, con lo cual si se te cae algo ahí no lo vuelves a ver en la vida.

Por último, el desayuno. La sala donde lo servían era muy pequeña y, como bajábamos a primera hora no solíamos tener problema, pero el último día que bajamos más tarde tuvimos que esperar un rato a que se quedara alguna mesa vacía y vimos a gente que tuvo que compartir mesa con gente que no conocían. En cuanto a la variedad en el desayuno, era nula. Solo tenía dos tipos de té, leche fría y zumo de naranja totalmente artificial para beber. También había cereales normales e integrales y pan de molde normal e integral, con mantequilla y mermelada.

Es cierto que apenas pasamos tiempo en el hotel más allá de cenar algún día y dormir, pero por eso mismo consideramos muy importante estar a gusto y en este hotel no llegamos a conseguirlo del todo. Si volvemos a Londres, intentaremos buscar una opción mejor.

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